RENACER O MORIR (Nicolás Hauff - Fillgap)

Nicolás Hauff FOUNDER & CEO

FILLGAP BUSINESS GROUP


“La mayor crisis de nuestra vida no es económica, intelectual, ni lo que solemos llamar religiosa. Es una crisis de imaginación. Nos quedamos atascados en nuestros caminos porque somos incapaces de imaginar nuestras vidas de manera diferente de lo que son en este momento. Nos aferramos desesperadamente al statu quo, temerosos de que, si nos soltamos, seremos arrastrados por las corrientes torrenciales de nuestro vacío”.

- Marc Gafni

Renacer significa literalmente nacer de nuevo. Y es nuestra consigna cuando debemos sobreponernos a situaciones muy difíciles, a veces extremas y hasta catastróficas. Esas que no sólo se presentan en la vida personal, ya que también suelen permear el mundo de los negocios.

Un claro ejemplo es el entorno VUCA (por sus siglas en inglés), que se refiere a escenarios cada vez más volátiles, inciertos (la “U” significa uncertain), complejos, y ambiguos, que se enfrentan en el mundo empresarial y que nos obligan a renacer o morir.

Tenemos la misma disyuntiva cuando se presentan crisis de diversa índole ante las cuales la única salida es también: revivir o reinventarnos.


No hay rutas cortas, no hay atajos. Renacer es el único camino para poder subsistir en el complejo universo en el que gravitamos.

Mi propio renacer

Cada quien enfrenta distintos retos y cada cual aprende sus propias lecciones, pero todos ―alguna vez o probablemente en varias ocasiones ― debemos renacer y reinventarnos si queremos salir adelante.

Justo a raíz de la pandemia, hablando un día con mi coach, hice una profunda reflexión sobre las crisis que he enfrentado y que han sido parteaguas en mi vida profesional.

Quiero compartir en este espacio un poco de ese proceso, esperando que mis experiencias sirvan a quienes me leen, para que pueden identificar en su propio trayecto esos momentos en los que el prerrequisito para seguir en la jugada es: transformarse.

Mi primer renacimiento

Fue en 1982. Lo recuerdo como si fuera ayer. Con la devaluación del peso y la situación del país, los proyectos de consultoría de mi padre se redujeron drásticamente y la familia entró en una fuerte crisis de liquidez. Aunque mis padres tenían activos, éstos también perdieron valor y tuvieron que implementar medidas de austeridad que obviamente impactaron en mí porque me vi obligado a generar recursos para poder solventar las actividades propias de un joven inquieto de 18 años. Esa fue, dicho en términos coloquiales, la primera patada que recibí en la vida y que me obligó a reaccionar. En ese entonces estudiaba en el Colegio Alemán, reconocido por su alto nivel académico. Digamos que no era un estudiante muy brillante, pero me las ingeniaba para sobrevivir.

Lo que hice para poder mantener mi ritmo de vida, fue ofrecer clases particulares. Me enfoqué en las habilidades que tenía en materia de idiomas, que siempre se me facilitaron, y en las matemáticas básicas. Tenía tres cosas muy claras en aquel momento:

1) Mis fortalezas (español, inglés, alemán y matemáticas).

2) Los beneficiarios directos de mis clases (los niños de primaria).

3) Quiénes iban a pagar por ellas (los papás).

Así, promocioné un lunes mis servicios en el tablero de anuncios de la escuela y esa misma semana ya tenía alumnos. Me fue muy bien en la odisea, que se extendió hasta la mitad de mi carrera universitaria.

El éxito que tuve se debió principalmente a que, sin estar consciente, apliqué principios estratégicos básicos para mercadear servicios, mismos que muchos empresarios solemos olvidar.

Quiero pensar que el impacto de mi labor en aquellos niños, que hoy son adultos, fue más allá de ayudarlos a superar sus retos académicos de ese momento.

Así, de ser alguien que tan sólo sobrevivía en la escuela, llegué a brillar ante los niños, ante mis padres y ante mí mismo. ¡Gran aprendizaje!

Segundo renacimiento

En 1992 ya había incursionado en el mundo de los empresarios asociándome en un negocio llamado Tiempos y Costos, en el que hacíamos kioscos de información basados en pantallas sensibles al tacto, algo que en aquella época era realmente vanguardista. Tuvimos varios proyectos muy interesantes, aunque no logramos alcanzar el punto de equilibrio y vino la crisis de 1995 que me obligó a dejar el mando de la empresa, la cual siguió operando sin mí.

La patada aquí fue reconocer que ya no debía seguir trabajando en ese negocio por más novedoso que fuera y a pesar de las ilusiones que me llevaron a emprenderlo.

De tal manera que lo dejé y estuve empleado en una empresa durante un año y medio en lo que considero fue una larga pausa de reflexión, aprendizaje y observación de tendencias, que me permitió reestructurar mis planes y renovarme con el lanzamiento de Fillgap en 1996, empresa que hoy en día sigue adelante, pero reinventada y que en aquel entonces fue una de las primeras distribuidoras del software Solomon y, posteriormente, de Microsoft en Latinoamérica.

Pienso que el haberme concentrado en aprender y analizar el mundo empresarial me permitió tener visión para ese emprendimiento que logré en el momento preciso y en el lugar indicado.

Así, un año después de superar ciertos obstáculos, el negocio empezó a tener tracción y, a 18 meses del lanzamiento, ya estábamos haciendo negocios internacionales, para llegar a tener en el año 2000 alrededor de 30 colaboradores.

Esa segunda reinvención me condujo a una etapa realmente exitosa y debo decir que, como complemento importante, tiempo después la empresa de los kioscos fue adquirida por una compañía transnacional y yo pude recuperar buena parte de mi inversión.

Tercer renacimiento

Corría el año 2008 y la patada entonces me llegó directamente de la crisis financiera internacional frente a la cual debo reconocer que mi principal error fue la falta de alineación de mi equipo directivo, misma que nos impidió reaccionar ante la crisis con la rapidez necesaria, lo cual derivó en serios problemas.

No podía esperar más para confrontarme a mí mismo. Entre finales de ese año y principios de 2009 hice un viaje a Argentina para repensarlo todo y conectarme con mi verdadero propósito de vida.


Fue justo en medio de esa turbulencia cuando me di cuenta de que lo que realmente yo sabía hacer mejor era ayudar a otros a salir adelante y a crecer, incluso a veces más que yo mismo.

No obstante, cometí otro gran error, porque tardé en tomar decisiones. En lugar de invertir mi energía al cien por ciento en lo que realmente debía, seguí durante un tiempo realizando también las actividades de antes. Me costó mucho soltar... me aletargué.

Más tarde entendí la dimensión de una frase de Bertolt Brecht que siempre tengo muy presente: “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”.

Es lo que me había pasado a mí por no tomar decisiones a tiempo. Pero también tuve aciertos que tarde o temprano darían frutos. El primer paso importante que di en esa época fue que me certifiqué como coach Scaling Up para ayudar a más gente en su proceso de alineación y crecimiento empresarial. Comprendí y asimilé, además, errores que había cometido en los negocios y me di cuenta de que el rumbo en mi vida profesional no lo había marcado siempre yo. Muchas veces había aceptado lo que se me ponía enfrente. Ese intenso proceso de autodescubrimiento no sólo me sirvió en la reconfiguración de mi propio destino, sino también en poder ayudar a otros a vincularse con sus talentos y pasiones para que pudieran dirigir de la mejor manera el rumbo de sus vidas y sus negocios.

Cuarto renacimiento

Del 2010 al 2020 se fue gestando un ciclo de transformación muy largo para Fillgap y creo que mi cuarto renacimiento se da precisamente durante esta pandemia, en la que me doy cuenta de que lo que hemos sabido hacer bien en nuestra firma a lo largo de toda su trayectoria es observar tendencias y desarrollar alianzas estratégicas entre empresas para hacerle frente a dichas tendencias. Lo anterior ha conducido la mayoría de las veces a que el desempeño colectivo de estas alianzas sea superior a lo que sería la suma de los resultados individuales que tendrían las partes involucradas por cuenta propia.

El caso de una empresa que ha sabido reinventarse: Steinway & Sons

Siempre me ha inspirado el caso de esta prestigiosa empresa, fabricante de pianos que surgió en 1853 en Nueva York, fundada por el inmigrante alemán Henry Engelhard Steinway, ya que es una compañía que ha sabido reinventarse una y otra vez, subsistiendo a lo largo de las dos guerras mundiales, de la gran depresión y de otros eventos altamente disruptivos.


¿Qué hizo esta compañía para sobrevivir? Se reinventó y se adaptó. Así, por ejemplo, durante la segunda guerra mundial fabricó 2 mil quinientos pianos pequeños y ligeros que fueron lanzados en paracaídas para el entretenimiento y manejo del estrés de las tropas norteamericanas.

Además, participó con la fuerza aérea americana en el diseño y la fabricación de planeadores de madera utilizados en los campos de batalla. Sin duda, es un caso de renovación y éxito espectacular, ejemplo de una empresa que ha sabido reconocer sus fortalezas y utilizarlas para atender las necesidades del momento.

Qué pasos necesitas para renacer

Comparto aquí los puntos que considero fundamentales en el proceso de renacimiento empresarial que, dicho sea de paso, tiene mucho que ver con el renacimiento integral del empresario como ser humano:

1.- Reconocer que las cosas no pueden seguir igual y que necesitas hacer un cambio.

Tal vez te diste cuenta antes, durante o después de la crisis que te pateó, pero sea cual sea tu realidad, lo indispensable es moverte rápido.

Valdría la pena también entender y asimilar que nada es para siempre y que lo único constante es el cambio. Por eso, la importancia de estar al pendiente de las tendencias. El ejemplo más ilustrativo en el momento actual es que si los gobiernos de algunos países hubieran estado alertas ante el coronavirus, tal vez lo hubieran frenado a tiempo.

2.- Reflexionar sobre el pasado y sobre toda tu vida.

Algo muy importante es comprender cuál es tu pasión y tu propósito de vida. Pregúntate, además: qué has hecho bien y cuándo has sido exitoso. Encuentra patrones que te conduzcan a descubrir ese propósito de vida.

3.- Hacer un inventario de tus propias fortalezas y áreas de oportunidad.

Es importante que entiendas que tienes que rodearte de personas que compartan tus valores, mentalidad y filosofía de vida, pero no necesariamente tus talentos, ya que con los suyos podrán complementarte.

Valdría la pena que hagas alguna prueba de fortalezas y debilidades para conocer más de ti mismo. En lo personal, me encanta la de Strengths Finder de Gallup.

4.- Entender el entorno actual.

Pon atención en lo que está pasando, en lo que la gente necesita y en las tendencias. Lee publicaciones de expertos, habla con diferentes personas, analiza escenarios.


5.- Encontrar cómo aplicar y potenciar tus talentos.

Concilia lo que se está necesitando allá afuera con tus fortalezas. Una herramienta que me gusta para este proceso es el Ikigai, que es la intersección entre lo que te apasiona, lo que sabes hacer bien, lo que la gente necesita y por lo que te pagan.

6.- Definir tu visión y formular tu estrategia.

Primero define tu destino (tu visión). Después, establece tu estrategia que es la ruta que tomarás para llegar de donde estás ahora a ese destino que quieres alcanzar. Analiza rutas alternas; evalúa riesgos, oportunidades y beneficios; y decide el camino que más te convenga.

7.- Ejecutar.

Haz un plan de largo plazo (visión), de mediano (estrategia inicial) y de corto (siguientes pasos).

Entiende que en tiempos de turbulencia los plazos pueden acortarse: el largo plazo se vuelve medio; el medio se convierte en corto; y el corto se transforma en inmediato, porque está muy borrosa la visión hacia adelante.

Conclusiones

A lo largo de los últimos 10 años, he desarrollado un modelo que denomino Liderazgo Basado en la Estrategia, el cual tiene por objeto ayudarte a conducir tu negocio y tu vida de manera intencional. Para transformarte en un Líder Basado en la Estrategia y no estar actuando conforme a tus ocurrencias del día, he identificado tres desafíos que considero fundamentales para conducir tu negocio con asertividad alineando a todos los integrantes de tu equipo:

1) Domínate a ti mismo 2) Domina el rumbo de tu negocio 3) Domina el desempeño de tu negocio.

Reinventarnos no es una tarea fácil. Considera recurrir a un tercero que pueda ayudarte a seguir los siete pasos de manera exitosa.

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